El mosto de la uva podría reducir el daño de la radiación en el sistema nervioso

El mosto de la uva podría reducir el daño de la radiación en el sistema nervioso

Un equipo de científicos del Instituto de Biomedicina de la Universidad de León (Ibiomed) ha estudiado los efectos de un antioxidante presente en el mosto de la uva y su posible uso para reducir el daño producido por la radiación en el sistema nervioso. Estos problemas surgen en algunos tratamientos, como la radiación en pacientes con cáncer.

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La quercetina es el componente antioxidante mayoritario en el mosto de uva. Estudios previos entre el Ibiomed y la Universidad Federal Santa María (Brasil) demostraron que existen efectos antioxidantes de diferentes componentes del mosto. Los principales flavonoides con los que trabajaron fueron, además de la quercetina, la rutina, el ácido gálico, el ácido cafeico y el resveratrol.

“Ya se conocen efectos positivos en glóbulos blancos y defensas antioxidantes, por lo que ahora se quiere comprobar si también existen dichos efectos en las lesiones en el sistema nervioso”, explican Juan Pablo Barrio Lera y Paquita González Sevilla, responsables del grupo de investigación de Ibiomed.

El objetivo del trabajo es estudiar los efectos de la quercetina en daños ocasionados por radiación a largo plazo, un terreno menos explorado que la dosificación de rayos en poco tiempo. Para ello, realizarán un ensayo con ratas de la raza wistar estudiando tanto los efectos en la fase aguda, tres días en humano, como a largo plazo, treinta días.

Los científicos tendrán en cuenta que las sesiones de radiación en las ratas son mayores que en el ser humano, a razón de que los resultaos en un mes en rata equivalen a medio año en el ser humano.

Diferencias en hígados de ratas

Una de las claves de la investigación es el uso de un mosto de uva diferente al que se produce en España. En Brasil resulta una bebida más popular que en España y se produce con mejores materiales. Mientras en España se obtiene de los productos no vinificables, la casa productora del mosto con el que se trabajará, Econatura, obtiene la bebida de productos de mayor calidad, sin componentes agrotóxicos ni pesticidas.

En origen, el grupo brasileño trabajaba en las propiedades de la metalonina de los extractos sólidos de la uva (fundamentalmente, los pellejos). Posteriormente, la bebida se distribuyó entre voluntarios humanos para comprobar los efectos beneficiosos de las propiedades antioxidantes de la uva. La sangre extraída antes y después de tomar mosto mostraba diferentes “notables” en su capacidad antioxidante ante rayos gamma.

Después se inició la colaboración entre los dos grupos de ambos lados del Atlántico. Una vez comprobadas los beneficios de una serie de flavonoides en el consumo humano en Brasil, la investigación se trasladó a León. En el Laboratorio de Técnicas Experimentales de la universidad de esta ciudad se llevó a cabo un experimento con ratas wistar de experimentación.

A dos grupos diferenciados se les ofreció agua con glucosa y mosto respectivamente para que las bebieran voluntariamente. Querían saber los beneficios del mosto para el consumo humano repitiendo los comportamientos humanos: nadie bebe únicamente el zumo, sino que lo combina a lo largo del día con agua, generalmente. El resultado más significativo fue que los hígados de las ratas que no bebieron mosto estaba un 25% más reducido que el de las que sí lo hicieron. También se observaron variaciones significativas en las enzimas antioxidantes, especialmente la denominada superóxido dismutasa.

Con el mosto, los investigadores de la Universidad de León quieren aprovechar los conocidos efectos antioxidantes de la uva, pero evitar el principal efecto secundario del vino: el contenido alcohólico.

Radiaciaciones equivalentes

El nivel de radiación al que se vieron sometidos los animales en el experimento previo es equivalente al de una persona que debe asistir a sesiones de radioterapia. Existen tablas en las que se cifra cuál es la dosis mortal para cada especie. En las ratas, el nivel crítico está situado en 6’75 grays, la unidad de medida equivalente a la absorción de un julio de energía ionizante por un kilogramo de material irradiado, mientras que en el ser humano está en 3’5.

Las ratas del experimento se sometieron a una radiación de seis grays. En ese momento, los investigadores apuntan que «los animales no recibieron el suplemento vía intragastrointestinal», esto es, forzando la ingesta a través de cánulas, como es habitual en otras investigaciones.

Al ampliar los conocimientos en la materia cambiando la intensidad y el periodo de duración de la radiación a los modelos animales, se pretende conocer también si estos efectos positivos comprobados son perdurables en sesiones radiológicas más largas, como las de pacientes de cáncer.

Fuente: DICYT



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