Psicodelia en el laboratorio

Psicodelia en el laboratorio


Son quince individuos sanos, vestidos con batas. Uno a uno, repiten el mismo experimento: se tumban en la camilla, entran en el escáner de imagen de resonancia magnética funcional y una vez dentro, reciben varias inyecciones. La primera lleva un placebo y la segunda es de psilocibina, el principio activo de diversos hongos alucinógenos.

Setas-Psilocybe cubensis.Imagen: Wikipedia

Mientras los participantes ejecutan distintas pruebas y autoevalúan su estado físico y mental, sus cerebros son escaneados y se monitorizan sus flujos sanguíneos. Un nutrido grupo de científicos observa las pantallas, toma notas, analiza las imágenes. Los resultados de este ensayo, realizado por investigadores del Imperial College de Londres (Reino Unido), se han publicado recientemente en Proceedings of the National Academy of Sciences.

Muchos esperarían un subidón en la actividad cerebral de los que han tomado setas. Pues bien, los científicos han comprobado justo lo contrario: una vez el sujeto asimila la droga se aprecia una disminución en el torrente sanguíneo de su cerebro, sobre todo en las zonas centrales, como el tálamo y la circunvolución del cíngulo anterior y posterior (ACC y PCC, por sus siglas en inglés). Varios estudios sugieren que el PCC se relaciona con la conciencia y la identidad personal.

“Los psicodélicos se consideran drogas que ‘expanden la mente’, por lo que se ha asumido que actuaban aumentando la actividad cerebral”, relata David Nutt, autor del estudio. “Sin embargo, nosotros hemos observado que la psilocibina reduce la actividad en las áreas que tienen conexiones más densas con otras zonas”.

El falso mito de la ‘expansión de la mente’

Según sus conclusiones, en estado sobrio las zonas centrales del cerebro mantienen la normalidad, evitando que corrientes paralelas de información perturben la conciencia. “Ahora sabemos que al desactivar estas zonas se llega a un estado en el que el mundo se percibe como extraño”, cuenta Nutt. Es decir, cuando la psilobicina reduce la acción de estas áreas, se entra en un estado con menos restricciones, en el que, como suelen decir los chamanes, se ‘abren puertas’ hasta ese momento cerradas.

El efecto de las setas alucinógenas es semejante al de un ‘viaje’ de LSD, y varía en función de la dosis ingerida, el contexto en el que se toma y las características de cada individuo. No obstante, hay experiencias que se repiten. Es frecuente ver patrones geométricos, tener sensaciones corporales extrañas y un estado alterado del espacio-tiempo. La intensidad de estas alteraciones está correlacionada con una reducción de la oxigenación y el flujo sanguíneo en ciertas partes del cerebro, por lo que se cree que son mecanismos vinculados con la transición del estado normal de conciencia al estado alterado.

Hay varios modelos para explicar las alucinaciones. “Casi todos asumen que los alucinógenos desequilibran la actividad de partes del cerebro relacionadas con el procesamiento de lo que vemos y oímos, y otras donde se interpreta e integra esa información”, explica Berra Yazar-Klosinkski, investigadora de la Asociación Multidisciplinar de Estudios Psicodélicos de EE UU (MAPS, por sus siglas en inglés).

“Podría insinuarse que el alucinógeno desmonta lo que el filósofo Ernst Cassirer llama ‘complicada trama de símbolos’ y muestra la naturaleza sin mediación alguna”, relataba el profesor y ensayista Antonio Escohotado en su texto Los alucinógenos y el mundo habitual. Pero los científicos no se conforman con describir efectos. Quieren desentrañar los mecanismos bioquímicos de la psicodelia.

Pocas pistas para seguir la ruta química

La psilocibina tiene una farmacología compleja. Estudios realizados con ratones y humanos indican que ejerce su acción psicodélica activando los receptores de la serotonina 5-HT2A. “Se han hecho estudios con psilocibina en humanos a los que se les habían ‘desactivado’ los receptores 5-HT2A, lo que paraba los efectos de los psicodélicos, incluyendo los cambios de percepción, de humor y de pensamiento”, asegura Yazar-Klosinkski.

“Aunque las respuestas farmacológicas están más o menos claras, sigue habiendo mucha controversia con los mecanismos neuronales responsables de las acciones psicodélicas de los alucinógenos”, apuntan Hyeong-Min Lee y Bryan L-Roth, investigadores de la Universidad de Carolina del Norte (EE UU), que comentan los recientes descubrimientos de David Rutt en PNAS.

Por ahora se sabe muy poco, en parte porque no es sencillo llevar a cabo experimentos con drogas ilegales. “Desafortunadamente, por motivos médicos, legales y sociales, los estudios bien controlados sobre las acciones de los alucinógenos en humanos han languidecido desde los 60”, relatan Hyeong-Min Lee y L- Roth.

Pero hay quienes reivindican la necesidad de indagar en este campo. Así lo expone la asociación científica MAPS. “Queremos terminar con el miedo y la irracionalidad que han rodeado las investigaciones con psicodélicos y marihuana”. Uno de sus objetivos es evaluar el uso terapéutico potencial de estas sustancias, pero además, muchos expertos advierten de un nuevo auge en su consumo y consideran necesario saber más sobre los efectos que pueden provocar.

Datos escurridizos

“El uso de plantas y hongos con intención recreativa se ha puesto de moda en los últimos años, y sus consecuencias pueden ser letales”, advierte Benjamin Climent, responsable de la Unidad de Toxicología del Hospital de Valencia.

Según el Informe de Usos de Sustancias Psicoactivas en España en el Lugar de Trabajo, publicado en 2008 por el Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad de España, el 6,2% de los hombres y el 2,5% de las mujeres de entre 16 y 65 años admite haber consumido alucinógenos alguna vez. En la encuesta ESTUDES 2010, se indica que la prevalencia del consumo anual (en el último año) de hongos alucinógenos entre los estudiantes españoles de 14 a 18 años fue del 1,6%.

Las cifras del verdadero consumo de estas drogas son escurridizas y no existen estudios en profundidad sobre el tema. Tampoco se sabe qué consecuencias tiene su uso a largo plazo. “No hay datos de consumidores crónicos de estas sustancias. No generan dependencia, pero un empleo puntual puede provocar una intoxicación grave incluso mortal”, advierte Climent.

La psilocina y la psilobicina se encuentran incluidas en la Lista I de la Convención de Sustancias Psicotrópicas de 1971 y “se consideran, por lo general, de baja peligrosidad”, según el informe de drogas emergentes. El propio David Nutt declaró, en 2009, cuando era jefe del Consejo Asesor sobre Abuso de Drogas británico, que el éxtasis y el LSD eran menos peligrosos que el alcohol. Claro que esta declaración le costó el puesto.

Adelantar la psicosis

“Las psilocibina, hasta ahora, no está asociada con ningún daño cerebral, ni en humanos ni en ratas”, afirma Yazar-Klosinkski. Sin embargo, los profesionales médicos alertan del riesgo que acarrea la ingesta de setas. “En los servicios de urgencias nos encontramos con intoxicaciones mortales desencadenadas por estas sustancias”, describe Climent.

La mayoría de los que acaban en urgencias tras una ingesta de setas llegan con problemas cardiovasculares (hipertensión, taquicardias, arritmias…), o neurológicos y psiquiátricos. “Es muy típico encontrarte pacientes con ataques de pánico, cuadros de agitación psicomotriz o alucinaciones típicas de un brote psicótico desencadenado por estas sustancias”, relata el doctor.

“El principal riesgo de tomar drogas psicodélicas es que puede adelantar la aparición de una enfermedad psicótica a la que se tuviera una predisposición congénita”, asegura Climent. “Además, si un enfermo ya diagnosticado consume este tipo de productos, tendrá brotes de la enfermedad”.

Poca percepción de riesgo

Otro peligro son las posibles interacciones con otras drogas o medicamentos. “Las reacciones inesperadas que pueden provocarse al mezclar varias drogas es la primera causa de problemas con los psicodélicos”, explica Yazar-Klosinkski. Sin embargo, la percepción del riesgo asociado a estas sustancias es baja. “Muchas se han utilizado con fines mágicos, religiosos y médicos por culturas primitivas, y la cultura occidental las ha ido incorporando como sustancias recreativas, pero mantienen la aureola de espiritualidad, rito o curación”, explica Benjamín Climent.

“Ese halo hace que no se consideren tan peligrosas como los productos químicos artificiales y las drogas ilegales clásicas. Esto es erróneo, porque su toxicidad es impredecible, incluso mortal”, prosigue.

De nuevo, de qué dependen estas intoxicaciones es un misterio. La potencia alucinógena varía dependiendo de la especie, del tipo de cultivo, la forma de preparación y otras variables. Y la respuesta del cerebro ante ellas es aun más impredecible, al menos por ahora.

Fuente: SINC



almeriasabor

Españasabor - Sabor y salud. Noticias. Informaíón ,alimentación, salud y belleza. Dieta Mediteránea. Recetas de cocina.

Deja una respuesta